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9 Noviembre 2015 | Empordà, Ampurdán | Maridajes

Garnacha dulce: la infancia azucarada del Empordà

Nuestras raíces se encuentran en la garnacha dulce. Antes de levantar una bodega, antes de hacer  nuestros primeros vinos, nuestro paladar ya conocía y amaba la garnacha dulce, el vino más autóctono de todos los vinos ampurdaneses, y el que hemos hecho crecer y transmutarse en otros vinos muy distintos, utilizando la experiencia y las variedades que le hacen de base. Eso sí, la primera garnacha dulce, la que recordamos del pasado, no era un vino para tomar de postres, sino un bestia muy diferente...

 

Cuando éramos niñas, la garnacha dulce era un vino de bienvenida, que generalmente se servía en vasos de duralex a quien acababa de llegar a una casa, junto a las también muy ampurdanesas Galletas Barceloneta. Nuestro abuela se dio cuenta de no todas las garnachas dulces eran igual de buenas e, investigando, investigando, llegó a la conclusión de que las más apreciables eran las que se habían guardado de un año para otro. Sin hacerlo quizás de un modo consciente, aquellos viticultors que se preparaban el vino en casa habían "reinventado" el sistema de soleras, rellenando los barriles anualmente con garnacha dulce que se dejaba oxidar. Airam fue el primer vino que hicimos en casa, y es aún uno de los que más queremos. Hoy en día nuestro Airam hace dos años de crianza oxidativa, y el barril se va rellenando con nuestra Garnacha dulce del Empordà. Un vino da pie a otro, como las raíces de un árbol que se elevan en forma de ramas hacia el cielo.

 

 

El Airam es amigo de panellets y castañas, de chocolate negro o de esas cremas de cacao, avellanas y azúcar cuyo sabor encontramos en su larguísimo postgusto. La Garnatxa de l'Empordà se va a ambientes más primaverales, y hace pareja con los buñuelos de Cuaresma del Empordà. Siguiendo su perfil de sabor, hemos creado este cóctel llamado Tòria, que sirve para brindar a los postres de un banqueta o cuando se produce la clásica discusión de "no abras el cava, que quiero algo dulce" o "no sirvas cócteles, que abrimos el cava". El cava aporta un toque de levadura que complementa los otros sabores típicos del buñuelo, la piel de limón y el anís. Para decorar la copa  y de paso enfriarla utilizaremos una uva congelada. Garnacha, naturalmente.

 

Tòria

 

- 30 ml de Garnatxa negra de l'Empordà

- 10 ml de anís dulce

- 10 ml de limoncello

- Cava Escuturit hasta llenar la copa

- Un grano de uva

 

Todos los ingredientes tienen que estar bien fríos. Ponemos el grano de uva en el fondo de la copa de cava. Añadimos la garnacha, el anís dulce y el limoncello. Acabamos de llenarla con cava Escuturit y lo removemos suavemente una sola vez con una cuchara de bar.

 

 

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