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6 Marzo 2015

Tiempo de calçots

Arrancamos el 2015, arranca el frío y arranca la temporada de calçots.

Hace ya unos cuantos años que esta fiesta gastronómica originaria de las comarcas de Tarragona, el sur de Cataluña, y principalmente de Valls, se ha extendido por todo el territorio catalán e incluso a traspasado nuestras fronteras. Haciendo las delicias de unos y amargando la existencia de otros por su pesada digestión, , los calçots son los protagonistas de multitud de reuniones de amigos, familiares y vecinos durante los primeros meses del año.

Para aquellos que no saben en qué consiste una calçotada, cuatro puntos básicos que os ayudarán a entender el fenómeno:

  1. Los calçots son unas cebollas alargadas que se hacen a la brasa. Normalmente se aprovechan los sarmientos de la viña para cocinarlos, ya que el inicio de la temporada de las calçotades coincide con la época de poda.
  2. Los calçots se hacen sobre las llamas, no sobre las brasas, hasta que quedan completamente tiznados.
  3. Normalmente se comen con las manos. Con una mano se coge una punta del calçot, quedando la cabeza abajo, y con la otra se hace descender la parte quemada.
  4. Cuando ya asoma la parte no quemada, se moja en la salsa y se lleva directamente a la boca.

 

Hay unos cuantos elementos indispensables, en cualquier calçotada que se precie. Dejando a un lado los calçots, que la gran mayoría coincide en afirmar que, cuanto más delgados mejor, es muy importante la salsa, una variante de la famosa salsa romesco hecha a base de tomates y ajos asados, almendras y avellanas tostadas, pimientos rojos secos y aliño. Si bien cada casa tiene su estilo, en cuestión de salsa de calçots, últimamente parece que, como en tantos otros ámbitos, la homogeneización está a la orden del día, y cada vez más todas tienden a llevar la etiqueta thermomix.

 

Es importante acompañar Calçots y salsa de un buen pan y una buena carne (ya sea en forma de butifarras, panceta o costillas de cordero, en función del bolsillo de cada uno), pero sobretodo no puede faltar un buen vino que ayude a hacer bajar esta comida no apta para estómagos con problemas de digestión.

 

Si no tienes claro qué vino es el más adecuado para acompañar esta fiesta de las manos enmascaradas, desde Espelt Viticultors os proponemos el SAULÓ, el Juan Diego Botto de los vinos jóvenes. Un vino 50% garnacha tinta, 50% cariñena, que acompaña a las mil maravillas carnes y verduras a la brasa. Un vino de espíritu silvestre, de montaña y de viento, como los escenarios que acompañan las buenas calçotades.

 

 

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